

(Siempre que puedo visito los campos Parralinos en donde soñé,
que algún día,
le devolvería los cantos que me dieron cuando niño)
Entré al abatido galpón y entre esos fierros que dormían plácidos abrazados por el manto del óxido,
el polvo dibujaba en el aire la figura del herrero
Vi al fin el objeto de mi visitaYace entre los dormidos objetos una fragua,
corazón de la forja
Ella permitió su dolorosa canción que junto al fuelle,
su aliado,
dieron aliento al carbón sin fin y más que forjar metales ellos,
sueñan unidos,
inmortales

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